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Aracena, también tiene su leyenda. Se cuenta que, al entrar los Templarios, los moros estaban cenando alegremente en el castillo, cuando fueron sorprendidos. Así que les salió «cara cena» y de ahí el nombre. Pero es sólo una leyenda.
Aracena ya estaba poblada desde hace 4.000 años, según puede comprobarse por los restos de la Cueva de la Umbría. Mil años más tarde estaba habitado el poblado del Castañar. Hace 2.500 llegaron los celtas. Hace unos 2.000 llegaron los romanos. Luego llegarían los árabes y más tarde, a punta de espada, la cristianizaron los monjes del Temple. Fueron precisamente los templarios los que levantaron una de las maravillas de Aracena, la iglesia del Castillo, declarada monumento nacional, un hermoso templo con clara vocación defensiva. Los templarios comenzarían a levantarla a finales del XIII o principios del XIV, época a la que pertenece su hermosa portada bajo atrio abovedado. Posterior, aunque gótica, es el elegante interior, de tres naves cubierta con bóvedas de crucería estrellada. Pero el patrimonio monumental no se termina aquí. El Cabildo es un edificio medieval con portada del siglo XVI. La iglesia de la Asunción, que no se terminó, es renacentista. La del Carmen, Mudéjar, el convento de Jesús, María y José, barroco. El Casino es de 1910 y durante todo el comienzo del Siglo XX Aracena vivió el boom de la aristocracia sevillana, que la consideró la villa turística por antonomasia, como lo es hoy en el Siglo XXI.
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